Sickness

En la entrada del silencio, lamento los años...
cuando las paredes frías caen sobre tí y las voces no dejan de perseguirte, es
ahí cuando te miro en el reflejo de mis sueños o de mis
pesadillas.


domingo, 30 de marzo de 2008

Planeta Caos

Muñeca

Inocente, quizás más tibia y más humana que la frialdad de tus piernas. Te ví en un aparador de satines y lámparas de encaje, plástica, senos de goma, cerebro vacío; el día que me canse de tí te pondré en el armario, armaré un requiem de palabras para la vida que nunca tuviste. Vestida de rojo, mirando pasar a los hombres sin mover la cabeza. Ladrona de miradas artificial, como la luna. Mujer plástica, cabello rubio de Nylon. Ayer te ví en la misma calle detrás del cristal, sin embargo, sé que un día me dejarás de esperar.



Furibunda


I



Había una vez, no, mejor dicho. Habían unas veces, una niña llamada Furibunda Psicópata; tenía además de ese, mil nombres más que la gente y ella misma había adoptado para vivir en Ciudad Escombros, cerca de los suburbios de País Caos. A Furibunda le gustaba comer chocolates y tenía manías frenéticas como todos los terraplaneros, leía cuentos de hadas y creía firmemente que los Ogros o las ardillas voladoras comeniños (cuervos) dominarían al planeta.



Furibunda, además de planes para asesinar filibusteros y cumplir con el códico de honor pirata, tenía ideas, esas traslocaciones que originaban el Beso Primigenio, que como el Big Bang había hecho explotar la nada para convertirla en un cuento. A Flint,(otro de sus nombres) le gustaba vivir e-na-mo-ra-da; aún cuando esa palabra de 9 letras y 5 sílabas le era incomprensible.



Unas mañanas amanecía con las ganas incontrolables de degollar una nube y comerséla como cazador de recompensas, otras, se daba cuenta de que en vez de llorar sal como todas las personas, ella lloraba azúcar y caminaba sin rumbo esperando las cosas jamás llegaran a su límite llamado, país, familia, hora, día, piel...



Lluvia


Ya te mojaste hasta los calzones, -mira mira, desde aquí se puede ver el fin del mundo ¿no te gustan las lucecitas sobre las casas?-


-María, bájate de la azotea puedes caerte. ¿Con quién hablas, niña?


-Con Lluvia mamá.


-Lluvia no existe ni tampoco los aliens que se ponen en tu ventana de noche. Ahora, bájate de la azotea.



domingo, 16 de marzo de 2008

En la Puerta



"He visto aterrado desde el rincón de un cuarto
el horizonte que se abre en vértigo que espanta.”
Hugo Garduño

El día que yo estaba loca, ella se despertó entre mis sábanas, la miraba constante y callada como un recuerdo innecesario que se niega a marcharse. Así, incontable e incontenible, con esa voz que nada dice con tantas palabras. Estaba metida en mi cabeza, o en los pliegues llenos de risa de mis ojeras ganadas a pulso por tanto mirar la luna.

Estaba en los caminos de las paredes, en el insomnio, en el agua, en el respirar del gato que desesperadamente quería asesinar. Como a ella, como a todos los anteriores en esa lista inmensa de pieles que se caían con la luz de la lámpara de noche. María, Cristina, Van Gogh, Artaud, Alejandra, Alfonsina, Sade.
Ella los amó, como yo, con los ojos inquietos de niña, con la rabia partiendo la calma y las horas verdugos de silencio. Estaba despierta con los ojos cerrados y dormía caminando entre la gente de día.
Extraña, o tal vez, extraño… si, extraño mirarla sin hacer nada tirada en la puerta de la habitación, esperando el remedio de los dioses, o el verso suicida que terminara con la hipnosis. O el labio ardiente que la transformara en fantasma, o la duda que la dejara desnuda junto a la luz parda que se colaba por las rendijas. Pero nada pasó nunca, por lo menos nada que la transformara en mariposa azul, sólo las horas, que llenas de polvo la convertían en la Furia.

La Furia tenía ojos brillantes, y esa mirada lúcida que sólo tienen algunos locos antes de ver demonios. La piel parecía rígida y fresca, casi comestible. Viva en los rincones de la puerta donde esperaba mi regreso. Y los labios, espadas amenazantes con las comisuras duras enfundando perlas letales.
Me miraba fijamente, en la espesura de la alfombra que se atoraba con los calcetines, ella, que como ser mitológico retumbaba en mis oídos para convertirse en grito de animal herido. Tenía hambre siempre, en las mañanas de violencia y en las noches de amor, como una bestia. Tragaba los pedazos de mi alma que se entregaba noche a noche hasta lograr cansarla, pero jamás saciar por completo el hambre.
El día que la invité a quedarse, no imaginé lo que era realmente. Su respiración pareció llenarse en el hueco de la almohada y su voz rebotó en mis tímpanos para hundirse en mi boca, meterse en mi garganta y explotar en el pecho volando en segundos la retina para hacer salir lágrimas.
La miré tristemente, sola en la puerta. Tranquila, como un manso peligro lleno de pecados rojos. No huí aunque mi cerebro gritaba hasta quedarse afónico que lo hiciera, y sentí el más profundo miedo que se puede tener. Mi piel se quebró, mis manos temblaban y sudaban la dejé entrar. Ella caminó lentamente, se asomó por la ventana y golpeó las paredes como en un sueño, levitando sin prisa y en un espasmo tomó la postura de siempre y comenzó a decirme poemas, tirada junto a la puerta, tan dócil que sus piernas parecían inservibles, que sus ojos tornaron de bondad y el mundo detrás de la puerta era insufrible sin las palabras.

Afuera, el trabajo, la universidad, la misma gente de todos los días, uno siempre igual al siguiente y al anterior. Adentro, ella y esas caricias infinitas de poesía. A cambio del cuerpo, de darle unos segundos el placer de tocar el piso, de sentirse de piel y hueso, tropezar con el dolor de mis cabellos y las retinas llenas de terror.
La Furia convirtiéndome en ella cada noche sin notarlo yo misma, salí por la mañana, pero el último trozo de mi alma sin ella fue tragado; un vacío recorrió todo el día mi estómago, en las calles la gente parecía reflejos. Parecían algo distinto a mí. Abrí la puerta y en la alfombra no la hallé tirada con las piernas inservibles, no la hallé distraída en el paso recitando poesía, entré al baño, me miré en el espejo y fue ahí donde la encontré. Con la piel llena de pecados rojos, con mis piernas tocando el piso, y esos ojos que sólo tienen la lucidez de un loco al mirar un demonio.

martes, 11 de marzo de 2008

Rope


Nobody is looking for my eyes.
is only the wish of you to be here,
Or is maybe the mine.

Nobody is gonna kill the dream...
there's a murder on the hall,
there's a lover in the hole.
I knot your skin,
even when you are root.

Nobody is looking for I,
not even you,
but is only a think.
is only a little ink.